El gato negro me observa desde la penumbra. Su brillante mirar, atraviesa mi alma. Él puede ver mis más profundos secretos.
Provoca que un temor me invada, más lúgubre que la muerte, no eran fantasmas o seres espeluznantes, ni muertos acaso, era algo más oscuro. Pensé en el averno, imaginé un ángel negro que me llevaría al valle de los crueles sufrimientos. Sentía el calor penetrando mi piel y destrozando mi cuerpo, el azufre cubría el aire, de una manera sutil la muerte invadía mi vida.
Suplicaba a un Dios, a un ángel, a una virgen, a cualquiera que pudiera escuchar mi lamento. Interrumpí mis plegarias ya que a mis oídos llegaba el sonidos de unos pasos, unas sombras me acechaban, mi alma estaba siendo arrancada. Algo quemaba mi corazón, mi cuerpo se retorcía, cuando miraba hacia un costado buscando una explicación a lo que ocurría, tan solo cruzaba mirada con esos ojos, aquellos ojos de un gato, de un simple gato
Desperté
estaba agitado, mi cuerpo demostraba haber sufrido cruel cansancio pero aún estaba vivo, volvió el júbilo, volvió la calma, tuve esperanza. Creí que podía volver a comenzar, a ser un nuevo yo. Me dirigí a la puerta, a mostrar mi nuevo rostro, a cambiar este mundo, más al abrirla, escuché un sonido y sentí un escalofrío, miré atrás y allí estaban esos ojos, aquellos ojos de un gato, de un simple gato











